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¡A mis guajiros!

sábado, 31 de mayo de 2014 0 comentarios




El guajiro, sin importar sus orígenes étnicos, es una sola raza que habita un mundo de sentimientos y percepciones que la hacen única e incomparable. Los problemas generados por la escasez de oportunidades, la mediocridad de su dirigencia, el abandono del Estado y la desidia centralista, constituyen en su conjunto la prueba reina del talante guajiro, pues a pesar de padecer las consecuencias de esa lamentable realidad, es un pueblo que no ha perdido su pureza, su riqueza humana y su sonrisa; es un pueblo que sigue aferrado a la esperanza de crecer y salir de la marginalidad a la que ha sido sometido; es un pueblo cuya grandeza se ve en la mirada de sus niños, en la nobleza de sus madres y en la sapiencia empírica de sus ancianos; es un pueblo gigante que ha sufrido -sin merecerlo- la actitud pequeña de aquellos que -sin serlo- se creen muy grandes.

Cada certamen electoral debería representar una oportunidad para salir de la crisis que atraviesa el departamento. Sin embargo, de manera reiterada el pueblo guajiro deposita su confianza en aquellos que -aprovechándose de la buena fe que nos caracteriza- prometen con la misma generosidad que posteriormente deciden incumplir. Y tal vez no lo hagan porque quieren incumplir, lo hacen porque hemos entrado en un círculo vicioso en el que los grupos políticos que han venido alternándose el poder durante años, administran nuestros recursos sobre la base de compromisos que se han visto en la necesidad de adquirir para acceder al poder. Compromisos que finalmente los obligan a priorizar en perjuicio de las necesidades que nos afectan. Más que las personas, es el sistema al que nos hemos acostumbrado el que nos está perjudicando.

El problema no es Jorge Pérez. Tampoco Jorge Ballesteros. El problema es el rumbo que los dos grupos políticos más fuertes de La Guajira decidieron recorrer. El afán por gobernar, la necesidad de cumplir compromisos materiales y la angustia por mantener el control, han llevado a La Guajira a recorrer un camino de espinas que ha dejado secuelas en nuestra sociedad. Y son precisamente esas secuelas las que deben conducirnos -por amor a nuestra tierra- a reflexionar profundamente en torno al futuro de un departamento que tiene todo para salir adelante. No importa el grupo al cual pertenezcamos, no importa el candidato al cual  apoyamos y no importa cual sea nuestra ideología. Aquí lo importante es que apoyemos el progreso de nuestra tierra y el bienestar de nuestra gente. Nuestra ideología debe ser La Guajira, nuestros sentidos deben girar en torno a su desarrollo y nuestros corazones deben unirse para lograrlo.

Mis respetos a Wilmer González, a José María Ballesteros y a Luis Gómez Pimienta. No es fácil en un departamento estigmatizado como el nuestro, liderar procesos electorales que inviten más a la lectura de propuestas que al ataque personal.

Reitero mi invitación a los guajiros que damos prioridad al futuro de nuestra tierra frente a intereses personales, a brindar el voto de confianza a Luis Gómez Pimienta. Es la opción, sin demérito de las aptitudes personales de los otros candidatos, que representa el cambio de rumbo que necesitamos. Un hombre cuya personalidad está a la altura de los grandes desafíos que deben emprenderse para avanzar. Creo en él y en su propuesta.

Finalmente, invito a mi hermosa Guajira a rodear al próximo Gobernador. Independientemente de quien gane, es la unión del pueblo guajiro la que nos hará progresar con fuerza. El amor por nuestra tierra debe estar por encima de nuestras diferencias. Dios sabe lo que viene, y sólo Él sabe lo que nos conviene.

Miller